Miedo y Amor

Marianne Willamson

(candidata a la presidencia de México)

«Hay un profundo terror a no ser amados por quienes somos. Sin más. Por SER.

Sentimos que si realmente nos vieran como somos, si vieran esta verdad, dejarían de amarnos. Y así el tesoro tan precioso que está dentro de nosotros permanece oculto, en una gruta oscura, húmeda y profunda. Y hay un eterno anhelo de vida, el de esperar ser descubiertos. Vistos. Reconocidos. Esperando en silencio que este tesoro sea visto por otros ojos, pero manteniendo en secreto su existencia… ¿Cómo puede nadie descubrirlo?

¿De dónde viene este miedo?

Hay muchísimos factores que han influido en su origen y en cómo se ha ido alimentando a lo largo de nuestra vida. Nuestras heridas más profundas derivan de nuestra necesidad insatisfecha de amor incondicional por parte de nuestros padres o las figuras que estuvieron a nuestro cargo cuando éramos niños.

De la necesidad de haber sido vistos y reconocidos. Que cada una de nuestras partes fueran acogidas. Que todos los rinconcitos de nuestro Ser fueran honrados. De su incapacidad para esto. Su incapacidad que afectó a la nuestra. Crecimos internalizando la idea de que no somos dignos de amor. Que hay algo profundamente mal en nosotros.

Tememos que la verdad de lo que somos no sea aceptable. Así nos anestesiamos desarrollando mecanismos de defensa, estructuras y corazas que nos desconectan de nuestro cuerpo, y de la vida misma. Si no estamos en nuestro cuerpo, no estamos aquí.

El amor es aquello con lo que nacimos. El miedo es lo que hemos aprendido aquí. El viaje espiritual es la renuncia al miedo y la nueva aceptación del amor en nuestro corazón. El amor es el hecho existencial esencial. Es nuestra realidad última y nuestro propósito sobre la tierra. Tener plena conciencia de él, tener la vivencia del amor en nosotros y en los demás, es el sentido de la vida.

NUESTRO MIEDO MÁS PROFUNDO

[ Nelson Mandela recordó este capítulo cuando fue elegido presidente electo de Sudáfrica, tras 29 años de cárcel ]

El amor expulsa el miedo de la misma manera que la luz expulsa la oscuridad.

Nuestro miedo más profundo no es el de ser inapropiados. Nuestro miedo más profundo es el de ser poderosos más allá de toda medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que nos asusta. Nos preguntamos: ¿Quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? Más bien, la pregunta es: ¿Quién eres tú para no serlo? Eres hijo del universo.

No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras. Nacemos para poner de manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros, como lo hacen los niños. Has nacido para manifestar la gloria divina que existe en nuestro interior.

No está solamente en algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno. Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás.

Cada uno de nosotros tiene una recamara interior que podemos visitar para ser purificados de sentimientos y pensamientos basados en el miedo. Esta recamara, el sanctasanctórum, es un santuario de luz. Como dejamos que nuestra luz brille, inconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo. A medida que nos liberamos de nuestro propio miedo, nuestra presencia libera a otros en realidad.

A menudo tenemos miedo de mirar nuestra sombra porque queremos evitar la vergüenza o el bochorno que viene junto con admitir errores. El miedo es una ilusión, un delirio. Nuestra locura, nuestra paranoia, nuestra angustia y nuestros traumas son imaginarios. Tenemos miedo de morirnos jóvenes y también de envejecer. Tenemos más miedo de la vida que de la muerte.

La oscuridad es simplemente la ausencia de luz, y el miedo no es más que la ausencia de amor. Por eso siempre es el amor es con lo que hemos nacido. El miedo es lo que hemos aprendido aquí. Utilicemos el amor para expulsar el miedo de la misma manera que la luz expulsa la oscuridad.»